Altos funcionarios de defensa han mantenido conversaciones con GM, Ford y otras empresas para reasignar parte de su capacidad de producción.
La administración Trump busca que los fabricantes de automóviles y otros productores estadounidenses tengan un papel más importante en la producción de armas, una práctica similar a la utilizada durante la Segunda Guerra Mundial.
Según fuentes cercanas a las conversaciones, altos funcionarios de defensa han dialogado sobre la producción de armas y otros suministros militares con los principales ejecutivos de varias compañías, incluyendo a Mary Barra, CEO de General Motors, y Jim Farley, CEO de Ford Motor Company.