El presidente se topa de repente con un mundo en el que aparece debilitado y con menos influencia. Pero la capacidad de llegar a acuerdos y el ejercicio de una autoridad limitada no son algo que le resulte natural.
WASHINGTON—Incluso antes de que quedara claro cuán contundentes serían los resultados electorales, las recriminaciones comenzaron a propagarse por la capital del país, empezando por la propia Casa Blanca.
La frustración se apoderó de los presentes en el Salón Este junto al presidente Trump la noche del martes, al ver cómo su coalición se desmoronaba y los demócratas lograban avances arrolladores en estados profundamente republicanos. El primer blanco de su ira: la prolongada guerra en Irán, que disparó los precios del combustible y hundió los índices de aprobación de Trump.