Las fundiciones en Quebec funcionan con energía hidroeléctrica barata; un arancel del 50 % eleva los costes para la industria estadounidense.
SAGUENAY, Quebec — Cuando los aviones nazis bombardeaban Londres durante la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos necesitaba fabricar con urgencia más aeronaves y municiones, este remoto lugar, situado en los bosques canadienses, se transformó en un gigante de la producción de aluminio.
Miles de canadienses trabajaron en condiciones de frío extremo para construir cubas de fundición y una central hidroeléctrica que las abasteciera de energía; todo ello en apenas 18 meses. Desde entonces, las plantas de aluminio de Saguenay han sido proveedoras de la industria estadounidense.
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