Mohammed bin Salman se encuentra en una situación difícil debido a una economía debilitada por el gasto excesivo y por errores de cálculo respecto a la amenaza hutí.
DUBÁI — El príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, comenzó el año con buen pie. Acababa de visitar la Casa Blanca, donde fue recibido calurosamente por el presidente Trump. Incluso tras el estallido del conflicto con Irán, Arabia Saudita parecía estar en una posición relativamente favorable: podía exportar petróleo a través de un oleoducto que evitaba el bloqueado estrecho de Ormuz.
Sin embargo, la creciente confrontación con los milicianos hutíes —respaldados por Irán— en el vecino Yemen plantea ahora nuevos desafíos para la seguridad del reino y para los ambiciosos planes del príncipe heredero de transformar la economía del país, actualmente dependiente del petróleo; planes que, por otra parte, ya enfrentan dificultades.