Omán, que ha mantenido una postura ambigua entre Washington y Teherán, está perdiendo terreno como Estado árabe de confianza para ambas partes.
Al inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, las autoridades omaníes se apresuraron a establecer un canal de comunicación extraoficial con Teherán que, según fuentes árabes, ayudó a los Estados del Golfo a reabrir los corredores aéreos: un logro diplomático posible gracias a la firme imparcialidad de Mascate en el conflicto.
Tres meses después, esa postura neutral comienza a tener consecuencias negativas. Washington interpreta cada vez más el enfoque de Omán hacia Teherán como hostil a Estados Unidos y, según fuentes estadounidenses y árabes, ha presionado a Omán para que tome partido y rompa relaciones diplomáticas con Irán.
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